Arturo
Ferreira (Ph.d.)
Médico Veterinario, Universidad de Chile
Ph.D., University of New York
El
Dr. Arturo Ferreira es un científico conocido en
el medio, tanto por los resultados en sus trabajos de investigación,
como por ser testigo privilegiado del desarrollo de la Inmunología
en el mundo en general y Chile en particular.
Además
ha podido apreciar el desarrollo de nuevas condiciones para
hacer ciencia en Chile, que a pesar de sus falencias, no
duda en catalogar como “un enorme avance, especialmente
si comparamos con 20 años atrás”.
competir
con los mejores
La globalización es un tema que llegó
para quedarse y nuestra primera pregunta esta relacionada
con la globalización del mundo científico:
¿Cómo fue su reinserción en Chile,
luego de sus 15 años en Nueva York? ¿Se siente
un científico globalizado?
Para todos los que estamos insertos en el tema, sabemos
que los investigadores interactúan científicamente,
incluso en tiempos de la guerra fría y ahora con
mayor rapidez que nunca antes. Mi reinserción científica
en Chile fue difícil, sobre todo por las diferentes
realidades prácticas que un país en desarrollo
tiene con respecto a uno del mundo desarrollado.
Para
nadie es una novedad las tremendas diferencias en la inversión
económica en ciencia que realiza un país como
el nuestro y un país desarrollado. Alguno de mis
estudiantes ha respondido a una crítica usando la
típica frase: “pero doctor, no se olvide que
estamos en Chile”. Yo respondo: “desde la puerta
hacia fuera está Chile y sus problemas, pero desde
la puerta hacia adentro del laboratorio, esta la ciencia
con parámetros de laboratorio globalizado”.
El otro estilo es fibrilante, paralizante. Simplemente una
mentalidad así debemos desterrarla, si tenemos ambición
de logros en el mundo de la ciencia actual. Debemos comprender
que nos miden en forma global y que debemos competir con
los mejores, así de simple.
Por
supuesto, si comparo la situación de Chile año
1987, cuando retorné, con la situación actual,
diría que se ha avanzado una enormidad. Por ejemplo:
los aportes económicos para investigación,
que normalmente otorga FONDECYT o FONDEF, son del orden
de los US$ 200.000 a US$ 500.000, sumas respetables para
hacer ciencia en cualquier parte del mundo. Sin dinero no
hay ciencia. Otros megaproyectos obtienen fondos aún
mayores.
Desde 1987, Ud. a obtenido fondos concursables de
FONDEF, FONDECYT, Anillos Bicentenario y MECESUP, con diversos
tipos de asignaciones. ¿Cómo ha sido el crecimiento
de estos tipos de fondos a nivel nacional?
El desarrollo es notable, no solo por el significativo aumento
de los fondos, sino también por la calidad de los
proyectos que se presentan. La labor de investigación
de esta Universidad es de larga data, pero lo que se ha
producido en los últimos años es el desarrollo
de una política científica por parte del Estado.
Esto es muy positivo para la Universidad de Chile, la principal
usuaria de esos fondos y, por cierto, para todo el sistema
científico del país. Por ello, los jóvenes
científicos que hoy retornan al país se encuentran
con escenarios mucho más auspiciosos que, por ejemplo,
aquellos de hace 20 años.
Por
otra parte, los sistemas y normativas para seleccionar proyectos
financiables se han perfeccionado notoriamente. Nuestra
capacidad para evaluar curricula ha mejorado. Hoy se valora
mejor, y mucho más objetivamente, el impacto real
que nuestro trabajo tiene, en términos de cuánto
es citado a nivel global. En términos reales, un
trabajo que no es citado no existe. Todo esto implica una
alta competitividad por obtener estos fondos. Cada investigador
sabe que necesita una ponderación mínima acumulada
de 12 puntos ISI (“Institute of Scientific Information”,
USA), durante los últimos cinco años, para
tener alguna posibilidad de éxito. Esto equivale
a publicar unos seis trabajos en revistas internacionales
de prestigio. Es duro, pero justo, dentro de lo que un sistema
como éste puede serlo. Es un sistema que, aunque
no nos agrade, llegó para quedarse.
El
sistema, si no se maneja adecuadamente, tiene aspectos que,
en mi entender, son negativos. Por ejemplo, un aumento de
la carga administrativa que los investigadores deben asumir.
Esto saca prematuramente del banco de trabajo a investigadores
aún jóvenes (menores de 50 años) y
los sumerge en una carga administrativa insoportable. Creo
que un jefe de laboratorio debe conocer en detalle los protocolos
que usan sus estudiantes, so pena de dejar de ser asertivo
para resolver los problemas sus estudiantes le plantearán
a diario.
Otros
problemas son inherentes a nuestro país, que no solo
sé está desarrollando sino que también
se está “haciendo”. Son pocas las cosas
que están terminadas, si bien existen avances significativos.
Subsisten, por ejemplo, injustificables demoras en los tiempos
para que un reactivo llegue a la mesa del laboratorio, cuando
en el mundo desarrollado lo obtienes en 24 hrs. Esto se
agrava por los costos agregados, rayanos en la usurería,
más allá de los impuestos
Universidad
como un centro de desarrollo superior
En estos momentos la Universidad de Chile desarrolla
su política sobre propiedad industrial, en definitiva
el patentamiento a partir de la investigación científica,
¿Cuál es su experiencia al respecto?
No existe conflicto entre patentar y publicar.
Lo que debe si existir son normas y reglas claras al respecto.
Durante mi estadía en la Universidad de Nueva York,
todas las posibilidades de patentamientos, a partir del
trabajo de un equipo de investigación, eran evaluadas
previamente en la Universidad, por un equipo interno de
expertos. Graficando, existían dos ventanillas al
lado de cada laboratorio. Cada paper debía ingresar
primero a la oficina en donde especialistas estudiaban el
documento más preliminar, buscando posibilidades
de patentamiento. Si existían estas posibilidades,
se iniciaba un proceso de patentamiento, que en ningún
caso retrasaba la publicación. Los costos asociados
al proceso los asimila la Universidad.
Por
supuesto una patente puede significar mucho, tanto para
la Universidad como para el equipo, o simplemente quedar
ahí, en una apuesta sin destino, como ocurre en la
mayoría de los casos. Si alguna empresa se interesa
en licenciar o comprar la patente para su posterior desarrollo
comercial, de los montos involucrados, se destina un 60%
a la Universidad y un 40% al equipo de investigación.
La distribución entre éstos se basa estrictamente
en las autorías de las publicaciones respectivas.
En otras palabras, son las responsabilidades en la publicación
científica las que determinan la magnitud de los
eventuales beneficios económicos de una patente.
La licencia de una patente, basada en una proteína
para el desarrollo de una vacuna contra la malaria, en que
participo, fue comprada por una empresa en Estados Unidos.
Solo el futuro y pruebas positivas dirá si llega
a desarrollarse un producto comercial.
Para
muchos se crea una contradicción entre las exigencias
netamente académicas y de investigación, que
incentiva la publicación científica y no el
patentamiento, aduciendo que la labor de la Universidad
es sobre todo académica.
Tenemos una visión conservadora de los desafíos
actuales que el desarrollo nos impone. Lo central es una
Universidad como un centro de desarrollo superior, de creación
e interacción entre las distintas áreas de
la actividad humana. Si solo la limitamos a la docencia,
estaríamos proyectándonos como un Liceo. Si
solo nos proyectamos a investigación, estaríamos
cumpliendo el papel de un Instituto. Ambos, liceo e instituto,
pueden ser de excelente calidad, pero liceo e instituto,
al fin y al cabo. La Universidad es la fusión de
ambas acciones. Esto es particularmente relevante en el
ámbito biomédico. Si no participara en el
cultivo de la disciplina, me temblarían las piernas,
si me parara frente a estudiantes tan selectos como los
nuestros, a enseñarles Inmunología.
Mente
humana, lo más precioso que existe
En su rol como académico, en una Escuela
donde llegan parte de los mejores estudiantes de Chile,
¿Cómo ha percibido los cambios generacionales
y culturales en los últimos años?
Las diferencias son nítidas, especialmente si la
comparo con mi propia experiencia como estudiante. Puedo
decir, sin duda, que con el actual sistema yo no hubiera
podido estudiar. Estudié gracias a que la Universidad
era gratuita. Me conmueve el que pudieran perderse mentes
especiales, por un asunto económico. Yo creo que
estas mentes se generan con igual frecuencia, por ejemplo,
en la Pincoya y en Santa María de Apoquindo. Cada
vez que perdemos una mente humana, lo más precioso
que existe, todos perdemos sin excepción.
Ud. Aparece como co-Editor del libro “Fundamentos
de Inmunología Básica y Clínica”
y Editor de otro en prensa. ¿Cuál es su sensación
al recorrer alguna cafetería y ver estudiantes consultando
un libro suyo?
Honestamente es una sensación muy grata, muy placentera
y uno siente que ha podido ayudar a divulgar conocimiento,
a traspasar experiencia a otras generaciones. Pero tengo
que ser muy claro que los libros mencionados no hubiera
sido posibles sin el trabajo, la iniciativa, el entusiasmo
de otros Editores, y de coautores, todos distinguidos miembros
de SOCHIN.
¿Resulto
un éxito económico el libro? ¿O se
“pirateo” y vendió en las veredas frente
a la Universidad?
- Sonriendo nuestro entrevistado responde:
Aparte de fotocopias de estudiantes, no he visto nada parecido.
En todo caso entendiendo la pregunta que apunta al sustento
económico de una obra como ésta, el primer
libro se ha vendido bien y la edición fue de 1000
ejemplares. En esa primera iniciativa, la Universidad de
Talca, asumió el riesgo económico de editar
una obra científica, sin ningún fin de lucro,
a un precio modesto para los alumnos. El riesgo de la otra
iniciativa, ahora en prensa, lo ha asumido la Editorial
Mediterráneo. Las responsabilidades de futuras ediciones
se rotarán entre las respectivas universidades.
No
existe la generación “senior”
Por ultimo Dr. Ferreira ¿Cómo ve Ud.
El desarrollo de la Inmunología en nuestro país?
Me parece que los avances que he visto en los últimos
5 años son notables, no solo con un potencial humano
de primer nivel, sino también con investigación
científica de impacto.
He
asistido a las “Mesas Redondas de Inmunología”,
organizadas por SOCHIN. Es asombrosa la cantidad de inmunólogos
que llenan la sala Abate Molina de la PUC. El nivel de las
ponencias y las discusiones científicas han sido
de primer nivel.
Siento, sin embargo, que falta algo. Prácticamente,
no existe la generación “senior”, o sea
aquella de 50 y más años. Inmunólogos
de gran estatura científica, como Pablo Rubinstein,
Marcela Contreras, Fidel Zavala, Nelson Fernández,
Carlos Moreno y otros, que han desarrollado su connotadísima
investigación en el extranjero y no en Chile, desgraciadamente
para nosotros no están. Durante el año 1973,
producto del golpe militar, muchos académicos se
fueron del país, algunos obligadamente, otros simplemente
por que la situación les parecía intolerable,
tanto en lo personal como por lo que veían en la
Universidad. Me pregunto entonces: ¿En que nivel
de desarrollo estaría la inmunología nacional,
con el concurso de toda esta juventud pujante e inspirada
que nos acompaña y con el de aquellos inmunólogos
senior? Creo que nuestro país no ha hecho un esfuerzo
serio para recuperarlos. Nosotros, los jóvenes y
el país son los que pierden.
AGOSTO-2005
Entrevista: Eugenio Rivas
REFERENCIA
Se puede reproducir o citar esta entrevista indicando como
fuente: www.sochin.cl
Información
adicional sobre el trabajo del Dr. Ferreira:
Icbm.cl
Bioplanet.net
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