El
Dr. Flavio Salazar Onfray cumple con la imagen que de un
científico generalmente se tiene. Es extremadamente
analítico, va al fondo de los problemas y cuando
se trata de su trabajo es extremadamente cuidadoso en formularse,
en definitiva quiere siempre mantener la rigurosidad que
implica liderar un grupo de alto nivel científico
de la Universidad más prestigiosa del país.
También es algo distinto a la generalidad de sus
pares. Un ejemplo común es que sus alumnos, su equipo
de investigación, el personal de apoyo y administrativo
de su laboratorio lo tutee, por que Flavio construye cercanía
con las personas trasmitiendo pasión por su trabajo.
Por lo mismo es posible ver en el laboratorio las típicas
tazas de café con el nombre impreso a plumón
de sus dueños, Dr. A, Dra. B, Dr. C y también
la taza con solo un nombre: Flavio.
Esto nos da tema de inicio para esta conversación,
por que en este natural tuteo, influye la juventud de Salazar,
su formación en Suecia pero sobre todo su visión
de un trabajo ligado a la gente y su aspiración a
ser valorado en primer lugar como persona y en segundo lugar
por sus títulos y sus logros.
Dr.
Salazar, ¿Cuando comienza su interés por las
ciencias naturales?
Durante la enseñanza primaria, al empezar a conocer
este mundo fascinante del cual somos parte. Desde muy pequeño
supe que mi vida profesional estaría ligada a esta
área y aspiraba a ser médico, en primer lugar
por las implicancias sociales de esta profesión pero
también porque tenía aptitudes innatas y un
gran interés por los ramos relacionados con la biología
y la ciencia.
Su
currículo muestra caminos académicos algo
intrincados, hasta lograr un lugar dentro de las ciencias
biomédicas aunque como científico.
Efectivamente las opciones en la vida no sólo dependen
de cada individuo sino también de circunstancias
externas, como la salida al exilio junto a mis padres, lo
que en mi caso determina que me doctore en Suecia. Aunque
también este ejemplo sirve para graficar que aspectos
negativos pueden ser revertidos positivamente, si la voluntad
existe.
Mi
meta inicial era convertirme en médico, veterinario
o en otras opciones ligadas al área de la biología.
Estudié un par de semestres Licenciatura en Biología
en la Universidad de Valparaíso y posteriormente
me cambie a Medicina Veterinaria en la Universidad de Chile
hasta el momento que viajo a Suecia. Allí postulé
al Programa de Biología en la Universidad de Uppsala
y luego de graduarme ingresé al postgrado, Forskarutbildning,
que traducido literalmente significa “Educación
de investigador” que conduce a la obtención
de un doctorado.
Ingresar a ese doctorado fue unos de los momentos más
felices que he vivido, tanto por su significado desde el
punto de vista académico, como también por
que fui elegido entre más de 30 postulantes. En Suecia
volvía a comenzar, pero esta vez como un joven emigrante
en un país altamente desarrollado y competitivo.
Esa oportunidad no la desaproveché y sin intentar
dar ejemplos o recetas, desde el primer momento asumí
el trabajo con la mayor responsabilidad, con la más
alta exigencia desde el punto de vista científico
y con toda la pasión que uno debe poner en cada momento
de la vida.
¿Es
durante su doctorado donde inicia su trabajo de investigación
en el área del Cáncer?
Realicé mi doctorado en el laboratorio de inmunología
antitumoral liderado por el Dr. Rolf Kiessling. Allí,
entré de lleno a un área apasionante del punto
de vista científico y tremendamente humana, por las
implicancias que el cáncer como enfermedad tiene.
Además me abrió las puertas directamente a
la inmunología y al trabajo con pacientes a través
de ensayos clínicos en colaboración con médicos
del Hospital Karolinska. Al segundo año de mi doctorado,
gané una beca del Fondo Nacional del Cáncer
Sueco, siendo este el primer fondo de investigación
que obtuve, del competitivo sistema sueco de investigación
de postgrados.
Es
difícil hablar en primera persona, pero mirando con
perspectiva he tomado conciencia que desde el principio
trabaje dura y sistemáticamente, adquiriendo una
mirada creativa, independiente, desprejuiciada, además
de asumir sin miedos ni inseguridades el trabajo científico.
Con el tiempo he entendido que estas cualidades son fundamentales
para un buen trabajo científico. Esta forma de mirar
y de entender la ciencia es la que yo trato de inculcar
a mis colaboradores y estudiantes, porque el talento, el
conocimiento y la inteligencia es la materia prima pero,
por sí solos, no garantizan la obtención de
resultados.
Aún
nos referimos a Ud. como un “joven científico”
puesto que solo tiene 40 años. Para ser una persona
tan joven ha acumulado una gran experiencia en la investigación
científica.
Sí, tuve la suerte que desde muy joven ingresé
por la puerta ancha de la investigación a laboratorios
de primer nivel. Tengo casi 12 años de trabajo científico,
con resultados auspiciosos, reflejados en varias publicaciones
científicas y he obtenido financiamiento a través
de fondos concursables como FONDEF, FONDECYT e INICIATIVA
MILENIUM. Donde con el trabajo del equipo científico
que lidero y con el aval de los resultados obtenidos, hemos
podido no sólo hacer ciencia al más alto nivel,
sino también ayudamos a aumentar la masa crítica
científica, que el país necesita para su desarrollo.
Por
lo tanto Ud. ha sido también profeta en su tierra,
por que ha podido proseguir con su investigación
en nuestro país.
Por supuesto y de esto estoy agradecido. Pero también
muy consciente que nos hemos jugado no sólo por cumplir
los objetivos de nuestros proyectos, sino sobretodo, hemos
intentado ser un aporte real al desarrollo de la ciencia
en Chile.
Mi inserción se vio facilitada por la posibilidad
de incorporarme a la Universidad de Chile dentro del recién
creado Instituto de Ciencias Biomédicas, en donde
con el Dr. Arturo Ferreira, el Dr. Juan Carlos Aguillón
y otros académicos desarrollamos el Programa Disciplinario
de Inmunología.
El
contraste entre ambos medios, el de un país desarrollado
como Suecia y uno como el nuestro debió haber sido
abismante.
Sinceramente a mi no me parece. Indudablemente que tenemos
una enorme cantidad de problemas que en países desarrollados
ya están resueltos hace tiempo pero debo de reconocer
que en muchos aspectos Chile ha cambiado para mejor y las
diferencias, guardando las debidas proporciones, no son
infranqueables.
Actualmente,
los proyectos otorgados por entes gubernamentales son adjudicados
según la relevancia de la investigación propuesta,
analizada y evaluada por pares y por la calidad de los investigadores
que la patrocinan, lo que se mide por la experiencia y el
impacto científico de sus publicaciones. Antiguamente
estos fondos eran utilizados para repartir pobreza, tratando
de que llegarán al mayor número de personas
que trabajaban en el mundo académico sin importar
si realizaban o no investigación relevante. Yo pienso
que no podemos soslayar un hecho ineludible: la ciencia
debe ser competitiva y sólo los mejores, refrendados
por sus resultados y sus publicaciones, deben tener la oportunidad
de profundizar en su investigación. El sistema actual,
sin ser perfecto, es bueno, ya que se rige bajo estos cánones
y además intenta facilitar la incorporación
de científicos jóvenes.
Además
los buenos investigadores del país hacen rendir mejor
estos recursos que en otros países, en relación
a la variable inversión-resultados. Al respecto quiero
ser claro, no se trata de que seamos alguna especie de héroes
del conocimiento, por que sólo cumplimos con nuestra
responsabilidad con fondos públicos. Con la misma
claridad debemos hacer hincapié que nuestro trabajo
efectivamente ayuda al desarrollo de nuestro país
y a la formación de profesionales de excelencia.
Por lo tanto es legítimo aspirar a una recompensa
acorde a este aporte como a un nivel de influencia respecto
a la política científica que el país
desarrolla.
¿La
comunidad científica del país no tiene influencia
en el desarrollo de la política de estado, respecto
a la ciencia?
Tan rotundo como eso, por supuesto que no. Existe un nivel
de influencia pero este no es suficiente. En primer lugar,
debemos ser autocríticos: los científicos
no sólo somos excesivamente egocéntricos sino
también somos demasiando individualistas. Hecha la
autocrítica, constatemos que el gobierno esta lleno
de buenas intenciones, pero en nuestra sociedad no existe
un debate real sobre el incentivo de la ciencia en Chile
y cómo esta debe influir en el desarrollo del país.
Este
fenómeno no esta restringido sólo al ámbito
científico. Muchos otros sectores sienten que no
son suficientemente escuchados en iniciativas estratégicas
para el desarrollo. Muchas iniciativas gubernamentales no
son discutidas con las personas que tienen el mayor expertise
en cada área y lo que es peor muchas veces cuando
hay proyectos valiosos, éstos no son bien implementados,
a pesar de las buenas intenciones. Ejemplos hay varios.
Se implementó el plan Auge, una iniciativa muy necesaria
para la población chilena pero los médicos
y profesionales de la salud sintieron que no fueron debidamente
escuchados. Se implementan iniciativas de evaluación
docente en educación que son imprescindibles para
Chile, pero nuevamente hay sectores involucrados, como los
profesores, que reclaman que no han tenido la debida participación.
En
el caso del desarrollo científico-tecnológico,
la Academia Nacional de Ciencias presentó un documento,
al cual adhiero plenamente, donde se hace una análisis
profundo de la realidad científica de Chile y de
las necesidades que debemos enfrentar para que la ciencia
se convierta en un factor importante de desarrollo para
las próximas décadas, en donde junto a una
veintena de propuestas concretas, resalta la creación
del Ministerio de Ciencia.
En
estos momentos a través del Royalty minero se destinarán
más de 200 millones de dólares a la ciencia
en Chile. Esto sin lugar a dudas es muy positivo, pero también
se aprecia un fenómeno creciente y preocupante: se
ha decidido invertir estos fondos prioritariamente en ciencia
aplicada.
Desde
mi punto de vista, no existe una diferencia real entre lo
que llamamos ciencia básica y aplicada. Solo existe
la mala y la buena ciencia. No resulta estratégico
apoyar el desarrollo de la ciencia aplicada sin entender
que su desarrollo tiene como base los descubrimientos que
se realizan en la llamada ciencia básica y que por
lo tanto junto con impulsar el desarrollo de la biotecnología
mediante proyectos de innovación tecnológica,
debemos crear las condiciones para que la ciencia básica
pueda también desarrollarse plenamente. Esto sin
duda incluye un fuerte incentivo a los fondos concursables
tipo FONDECYT y a la creación de nuevos fondos dirigidos
a los investigadores más jóvenes que recién
se están integrando a la carrera científica.
Por otra parte, muchos intereses económicos ven estos
fondos para la innovación tecnológica casi
exclusivamente como un nuevo mercado y las consultoras de
todo tipo se preparan para obtener un pedazo de esta torta.
Indudablemente, nosotros como investigadores, necesitamos
profesionales de distintas áreas, para el patentamiento
o para el posible desarrollo comercial de nuestro trabajo,
pero debemos cuidar que estos fondos lleguen en primer lugar
a la gallina de los huevos de oro: Cual es la investigación
científica -el objetivo real de royalty minero. Evitando
que estas iniciativas se diluyan debido a una sobredimensionada
burocracia de asesores comerciales y legales.
La
importancia de patentar en estos momentos es indiscutible.
¿Cuál es su experiencia al respecto?.
Una de los objetivos de un proyecto Fondef que lidero, es
el patentamiento y en este momento estamos en proceso de
patentar nuestra tecnología en Estados Unidos para
luego hacerlo en Chile. Las expectativas de obtener una
patente son altas y para nosotros ha sido una gran experiencia
porque francamente era un mundo que sólo conocíamos
desde lejos.
Al
publicar un trabajo científico éste pasa a
ser patrimonio de la humanidad y por lo mismo le abre la
puerta de par en par a quienes tienen los recursos de replicar
los experimentos y a partir de esto, patentar tecnologías.
Algo que por lo demás ha ocurrido con trabajos de
científicos chilenos o con cosas tan elementales
como es nuestro patrimonio en biodiversidad. Por ejemplo
existen patentes de transnacionales basadas en el Quillay.
Por lo tanto, al patentar las tecnologías que hemos
desarrollado y publicando posteriormente, estamos creando
un resguardo legal al posible desarrollo de negocios, esta
vez realizados desde nuestro país.
Ud. lidera un proyecto Fondef: Vacunas Biológicas
para Inmunoterapia contra el Cáncer ¿Cuál
es su balance de este proyecto Fondef?
Indudablemente muy positivo. En primer lugar por los resultados
científicos obtenidos, avalados por publicaciones
en revistas científicas de alto impacto y con referencias
en prestigiosas revistas internacionales, incluyendo una
crónica en una revista tan importante como The Lancet,
donde textualmente se afirma que nuestra investigación
“pone a Chile en el mapa de la inmunología
mundial”.
En
segundo lugar las respuestas clínicas de nuestros
pacientes a nuestra terapia así como la venida al
país de algunos pacientes de Latinoamérica,
quienes se enteraron de nuestro trabajo por medios internacionales,
nos hace sentir muy orgullosos y nos impulsa a continuar
investigando. Nos ha impactado el interés de los
medios de comunicación masivos en Chile y algunos
del extranjero, que han dedicado reportajes a nuestra labor
tanto en televisión como en diarios y revistas, lo
que repercute en la apreciación que la ciencia adquiere
en la opinión pública.
Otros
efectos sinérgicos de nuestro trabajo es que ha involucrado
a profesionales fuera del área de la investigación
que nos han ayudado al desarrollo estratégico de
negocios, en aspectos legales y de marketing. De hecho a
través de un consorcio liderado por la Universidad
de Chile hemos puesto en el mercado a través de Oncobiomed
nuestra terapia a pacientes que no pueden acceder o financiar
esta terapia directamente a través del proyecto.
No menos importante es la implementación de un laboratorio
de Bioseguridad según estándares internacionales.
Allí se produce la manipulación celular a
través de estrictos protocolos. Esto unido a los
tesistas, doctorantes, alumnos de postgrado constituye la
base de nuestro equipo, conformando un valiosísimo
capital humano para nuestra institución y el país.
¿Que
depara el futuro para su equipo de investigación?
En estos momentos iniciamos un segundo Fondef, que es la
continuación lógica de nuestro trabajo, pero
a un nivel de exigencia mayor, tanto por la ambición
de nuestros objetivos, como por la interacción con
otros grupos de investigación chilenos complementarios
al nuestro. Aplicaremos nuestros descubrimientos a otros
tipos de cánceres de mayor incidencia en Chile y
el mundo como es el cáncer a la próstata y
de vejiga aprovechando no sólo el “know how”
que hemos alcanzado sino también la infraestructura
que nos deja el primer proyecto FONDEF. El establecimiento
de redes de investigación en el área de la
inmunología la pensamos implementar a través
del recientemente creado Nucleo Milenio de Inmunología
e Inmunoterapia del cual formamos parte.
También
estamos en proceso de implementar la transferencia tecnológica
que este FONDEF nos deja, en términos de patentamiento,
ventas de licencias, posibilidades de negocios, contactos
en el extranjero, sin descuidar nuestra labor fundamental
cual es realizar nuestro aporte al desarrollo de nuestro
país con la herramienta que mejor dominamos: la investigación
científica.
ENERO-2006
Entrevista: Eugenio Rivas
REFERENCIA
Se puede reproducir o citar esta entrevista indicando como
fuente: www.sochin.cl
Información
adicional sobre el trabajo del Dr. Salazar:
Inmunoterapia.cl
Tumor
Immunology Laboratory.cl
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